El Romancero Español
El romancero es un conjunto de poemas anónimos formados por una serie
indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. Los romances son poemas épicos o épico-líricos, casi siempre breves,
compuestos originariamente para ser cantados o recitados al son de un
instrumento. Los romances más antiguos son de finales del siglo XIV y
principalmente del siglo XV. Se llaman romances viejos y pertenecen a la
literatura popular y tradicional con todas sus características de transmisión
oral, anonimia, variantes, etc.
Origen:
Según
la teoría más admitida, los romances más viejos proceden de ciertos fragmentos
de los antiguos cantares de gesta, especialmente atractivos para el pueblo, que
los retenía en la memoria y después de cierto tiempo, desgajados del cantar,
cobraban vida independiente y eran cantados como composiciones autónomas con
ciertas transformaciones.
Más
tarde, los juglares, dándose cuenta del éxito de los romances tradicionales,
compusieron otros muchos, no desgajados de un cantar, sino inventados por
ellos, generalmente más extensos y con una temática más amplia. Los autores
desaparecen en el anonimato, y la colectividad, plenamente identificada con
ellos, los canta, modifica y transmite. Estos últimos se conocen con el nombre
de romances juglarescos.
Estilo:
Desde el
punto de vista estilístico, el Romancero manifiesta una gran sencillez y
sobriedad de recursos: descripciones parcas y realitas, casi total ausencia de
elementos fantásticos o maravillosos, escasez de adjetivos y metáforas. A pesar
de ello se consigue una extraordinaria viveza narrativa y los más variados
efectos poéticos.
Destaca en
el romancero la inmediata composición de la escena y la presentación de los
personajes, la aproximación a la realidad con una gran fuerza plástica y el
arte de saber llevar, sin dilaciones, la atención del oyente hacia el núcleo
temático. Se combinan admirablemente la narración y el diálogo; mediante éste
se consigue el característico movimiento dramático de muchos romanes.
La
alternancia en la utilización de las formas verbales - presente/pretérito - es
otro aspecto que anima la narración con el cambio de perspectivas temporales,
desde un pasado lejano a un pasado cercano e incluso a un presente o viceversa.
Las
fórmula expresivas más utilizadas son las repeticiones de palabras o frase y el
uso del paralelismo para conseguir una mayor intensidad emocional y rítmica.
También se usan con mucha frecuencia las formas deícticas, apostróficas y
exclamativas para conseguir mayor emotividad y recabar la atención del oyente.
Otra
característica muy importante es el fragmentarismo: El romance se centra en un
momento determinado de la acción. Los antecedentes no aparecen porque son
conocidos o no interesan, y se entra, como ya hemos dicho, directamente en el
asunto. Además, con mucha frecuencia, la narración se rompe bruscamente sin que
se conozca el desenlace final. El resultado es de una increíble eficacia
poética, al atrapar al oyente en el misterio y la emoción, y hacerle participar
con su propia imaginación, lanzada a una actividad creadora personal.
Clasificación:
1.
Históricos-bíblicos: Son aquellos que provienen de un hecho real o de los cantares de
gesta.
Los bíblicos cogen pasajes bíblicos y lo adaptan a su época y lo popularizan.
2.
Fronterizos
3.
Novelescos y líricos: Los líricos tratan el tema amoroso y la expresión de
sentimientos. Predomina la descripción y la acción es escasa. Los novelescos
destaca el elemento narrativo, la ficción y el diálogo entre los personajes.
PPor Arantza Ponce
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